domingo, 23 de marzo de 2008

Urge contener los abusos del poder para evitar unas elecciones viciadas


SITUACIÓN SE ACERCA A NIVELES CRÍTICOS

El uso de recursos del Estado en la campaña por la reelección presidencial se ha desbordado en tales dimensiones que está siendo progresivamente expuesto por iniciativa de los medios de comunicación, generando una considerable crispación en el liderazgo de los partidos de oposición.

Juan Bolívar Díaz

Los actos de Estado suelen combinarse con actividades de campaña en los cuales se distribuyen dinero y regalos.
Clave Digital.

SANTO DOMINGO, República Dominicana.-El anuncio de que tras la semana santa el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) convocará una cumbre de la oposición política para enfrentar el desmesurado abuso de recursos del Estado en la campaña electoral y pronunciamientos recientes de otros sectores indican que la situación está llegando a niveles críticos.

Diversos sectores políticos han llegado últimamente al grado de advertir que no reconocerán legitimidad a un gobierno que surja con tan clara como excesiva utilización del presupuesto nacional, patente en publicidad oficial, subsidios generalizados, pagos de militantes y compra de dirigentes de partidos opositores.

Las persistentes denuncias y pruebas publicadas también por iniciativas de los medios informativos tendrán que obligar a la Junta Central Electoral a salvar la cara por lo menos con un claro pronunciamiento de rechazo a esas viejas prácticas políticas que justifican el anti-reeleccionismo.

Creciente crispación

El uso de recursos del Estado en la campaña por la reelección presidencial se ha desbordado en tales dimensiones que está siendo progresivamente expuesto por iniciativa de los medios de comunicación, generando una considerable crispación en el liderazgo de los partidos de oposición.

El lunes, al comenzar la semana, HOY reprodujo declaraciones del presidente del PRSC, Federico Antún, en el sentido de que "si el presidente Leonel Fernández se reeligiera comprando conciencias, distribuyendo los recursos públicos y destruyendo el sistema de partidos, se le dificultaría gobernar".

Ese mismo día el candidato presidencial del MIUCA, doctor Guillermo Moreno, declaró por Teleantillas que sería ilegítimo un gobierno resultante de tan abrumador abuso de los recursos públicos y que como tal no lo reconocería y que lo enfrentaría.

Seguiría el candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Miguel Vargas Maldonado, acusando al presidente Fernández de pretender secuestrar la democracia e imponer un partido único.

Tras ser escogido candidato vicepresidencial del mismo partido, el doctor José Joaquín Puello sostuvo que el gobernante ha perdido toda nación de límites en la violación a las leyes y el reparto del dinero que la ciudadanía paga como impuestos, afirmando que ya es un problema ético y moral.

Ya el miércoles el ingeniero Antún anunció que al pasar la semana santa el PRSC convocará a una cumbre de partidos "a fin de establecer acciones en procura de adecentar la campaña electoral, preservar el sistema de partidos políticos y defender la democracia dominicana".

Obligados a dar la cara

Desde principios de mes se viene barajando en sectores de oposición la idea de apelar en conjunto a la Junta Central Electoral (JCE) para que se impongan límites al abuso de los recursos públicos. Una instancia en ese sentido le fue sometida por el PRD el 28 de febrero, pero más de tres semanas después todavía no se ha producido una respuesta.

Es obvio que tratándose de una instancia que busca contención en la campaña electoral, su conocimiento debería ser expedito. Tampoco se ha conocido una respuesta al recurso que le sometió el 11 de febrero el candidato presidencial del Partido revolucionario Independiente, Trajano Santana, pidiendo la intervención del tribunal electoral "para evitar que prosiga la compra de dirigentes opositores por parte del gobierno".

El viernes 14 el juez electoral Eddy Olivares pidió una convocatoria urgente del pleno de la JCE para que conozca las denuncias contenidas en un reportaje televisivo de Nuria Piera donde se expuso con lujos de detalles gráficos el pago a miles de dirigentes del partido de gobierno con sumas de entre 3 y 5 mil pesos mensuales.

La doctora Aura Celeste Fernández, también integrante del tribunal, no dejó dudas de que condenaría la acción. El martes se reunió el pleno de los jueces y dio un plazo de cuatro días al gobierno para que explique lo de la llamada "nómina de los CB" o comités de base peledeistas.

Al dejar constancia de que la JCE tiene facultad para establecer límites y hasta disponer incautaciones, su presidente el doctor Julio César Castaños dio un paso adelante el lunes 17 al pedir que la Policía Nacional y la Autoridad Metropolitana del Transporte incauten los vehículos que son utilizados en la campaña electoral sin la placa de identificación correspondiente.

Desde hace varias semanas se denuncia que para evadir responsabilidades quitan las placas a vehículos oficiales que son utilizados en la campaña electoral. En otros casos les colocan placas de vehículos privados. El doctor Castaños no solo dijo haber recibido denuncias sino que agregó que "yo propiamente he visto".

Las denuncias ya no parten sólo de los partidos, sino que también son expuestas por los medios de comunicación. Además del reportaje de Nuria, Diario Libre del 13 de febrero publicó que los pagos de la "nominilla CB" continuaron en la Plaza Dorada de Villa Mella, en un reportaje donde presentó decenas de vehículos con placas privadas cuando eran provistas de combustibles en el patio trasero del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, uno de los organismos señalados en el reportaje de Piera. Ese mismo día, El Nacional dio cuenta del pago de la "nómina CB" en La Romana y Santo Domingo Este.

Al entrar en la recta final del proceso electoral, tras el asueto de la semana santa, es obvio que la atención estará centrada en los reclamos de los opositores para que la JCE contenga los excesos que atribuyen al gobierno.

Convicción generalizada

Se ha generalizado la convicción de que el PLD está utilizando abiertamente los recursos del Estado en la campaña electoral, aunque la mayoría no parece dispuesta a denunciarla. No faltan quienes la justifican como una práctica de la política correspondiente a quienes usufructúan el poder.

Pero también hay convicción de que nunca antes se había registrado en proporciones tan elevadas, cuando el gobierno viene invirtiendo un promedio de 184 millones de pesos cada mes en publicidad, en su mayoría de carácter político propagandístico.

Se estima que cerca de 600 mil personas están recibiendo dinero del gobierno a título de ayuda. Los del programa Solidaridad elevados en un mes de 300 a 400 mil. Otros cien mil en el programa "Vamo´arriba" y 50 mil en el recién instituido plan de asistencia a bachilleres. Si se suma la nominilla CB pasarían de 600 mil, con erogaciones de centenares de millones de pesos por mes.

El reciente informe de observación electoral de Participación Ciudadana sostuvo que "El factor más negativo registrado en lo que va del proceso electoral, y aún desde la precampaña para elegir candidatos, ha sido el uso tan desmesurado de los recursos del Estado, incluyendo la incorporación de casi todo el gobierno a la campaña electoral reeleccionista".

Pero el factor que mayor irritación parece generar en la oposición es el financiamiento del transfuguismo político, mediante mecanismos como la designación en cargos públicos, en muchos casos con posibilidades de emplear decenas y cientos de allegados. También mediante contratos y compras por parte de organismos estatales.

El partido que más deserciones ha sufrido es el PRSC, hasta niveles sin precedentes, incluyendo dirigentes de alto nivel, senadores, diputados, síndicos y regidores. Son tantos los casos de los últimos meses que tomaría mucho espacio identificarlos.

Innecesario y peligroso

Entre analistas y observadores políticos existe consenso de que el abuso del poder que se advierte está manchando el proceso electoral, y lo consideran no sólo peligroso para la institucionalidad democrática y la gobernabilidad, sino también innecesario.

Muchos no entienden que un partido de gobierno al que la generalidad de las encuestas atribuye posibilidades de obtener la mayoría en la primera votación, tenga que apelar a abusos tan obvios. Las dos encuestas de más tradición en el país, la Gallup y Penn & Schoen, le otorgaron recientemente a la reelección el 52 y el 56 por ciento de las preferencias, con su más cercano contendiente en 34 y 32 por ciento respectivamente.

La situación es parecida a la que se daba el año pasado en la lucha por la nominación presidencial del PLD, cuando el uso del poder del Estado fue abierto, pese a que el presidente Fernández siempre encabezó las encuestas. Al final no quedó espacio para que su contrincante Danilo Medina lo legitimara como candidato.

En el plano nacional sería mucho peor, pues la crispación mantiene la política en niveles primitivos que impiden la concertación para legislar y gobernar con consensos. Un gobierno surgido de elecciones cuestionadas y bajo cargos de ilegalidades, no es lo que necesitará la nación para enfrentar el desfavorable escenario internacional actual, con el agravante de que le será muy difícil mantener los niveles de repartición del presupuesto nacional que realiza en la actual campaña electoral.

Origen del Articulo: http://clavedigital.com/Portada/Articulo.asp?Id_Articulo=13198

jueves, 6 de marzo de 2008

EL METRO FARAÓNICO II

Luis H. Arthur S.

A la muerte de Trujillo éramos un país sin deudas, pero vinieron gobiernos “amigos”, organismos internacionales y muchos nacionales, que nos convencieron que vivíamos en el error, y nuestros gobiernos se volvieron a endeudar cada vez más. Hoy estamos tan endrogados con deudas posiblemente impagables, que tienen que volver a prestarnos para que paguemos lo viejo, y nuestro presupuesto se consume en gran medida en el pago de los intereses y de algo del principal.

Los que han caído en manos de prestamistas usuremos y de bancos comerciales, saben de qué hablo, pues han vivido y viven en carne propia su error.
Balaguer fue el único que resistió en gran medida la fiesta de agarrar prestado. Los demás, Leonel, Hipólito y Leonel han hecho fiesta de este recurso, que nos hunde cada día más, pero les permite a ellos mostrar obras que hicieron con parte de ese dinero, que de la otra ni eso, simplemente se evapora toda en el día a día y la corrupción.
Nos hablan de “capacidad de endeudamiento” y eso pasa no sólo con naciones, sino con personas. Los bancos te ofrece desde préstamos hasta tarjetas que tú crees que te van a ayudar, y sí lo hacen si tienes control, pero si te descuidas, te encuentras pagando intereses, mora y refinanciamientos, y tu capacidad de pago generalmente se va en intereses, y tu vida se deteriora pues casi trabajas para los bancos y los prestamistas.
La fiebre de agarrar dinero llega a veces hasta lo ilegal, como ha pasado con este gobierno y el prestamos de la Sunland de los 130 millones, que se saltó todas las normas constitucionales y no se sabe aun dónde está el dinero que ahora se paga ilegalmente.
¿Y cuál es el resultado de todo esto? Que al obrar tan irresponsable y alegremente, condenamos a la nación a un deterioro por falta de dinero y a una sumisión lamentable, que se quieren justificar con palabras bonitas que a la postre se dan de bruces con la realidad.
No tenemos electricidad aunque desde el 1999 nos auguraron solución al problema. No tenemos educación básica buena, aunque nos quieran disfrazar el problema con computadoras que son unas magnificas herramientas, pero no una solución.
Tenemos un Metro, que no tenía que ser el más caro de todos, que habrá que subsidiar con muchos millones.

luis@arthur.net * http://www.luis.arthur.net/ * http://www.luisharthur.blogspot.com/ * 4/III/2008

martes, 4 de marzo de 2008

El Metro Faraónico I

Luis H. Arthur S.

Indudablemente que el pueblo está eufórico con el metro, tanto que en su insensatez casi lo destroza, causando daños considerable a sus infraestructuras.

Ha sido un espectáculo deprimente el ver hordas salvajes de gente pobre (posiblemente de los denominados “chopos” por el preclaro abogado e historiador Euclides), combatir entre ellos, empujarse, maltratarse y competir por un paseíto de 29 Km., en uno de los 3 vagones que han llegado de los 57 comprados y que cada uno costó 1,622,807 euros, iguales a los de Shanghái, China que costaron 854,000 euros, esto es, 768,807 euros menos, sin que la OPRET haya explicado y despejando la duda de que fue una comisión inmensa para el comprador.

Se da la dicotomía de que viene gente invitada desde los 3 puntos cardinales del país a ver esta maravilla de la modernidad, un Mercedes en vez de honda que hace los mismo, propiedad de quien vive debajo del puente.

Ni los habitantes locales, que lo van a poder disfrutar, ni los foráneos, se dan cuenta, que esa obra que festejan, es como un verdugo más que los mantiene en estado calamitoso y de retraso, pues el dinero ahí gastado profusamente, sin control y sin medida, no ha permitido que ellos y sus hijos se eduquen mejor, que tengan mayores oportunidades de progreso, que cuenten con vivienda y mayor seguridad. Que haya más trabajo para que la juventud y los padres de familia encuentren de qué vivir y muchos se alejen de la delincuencia y el trafico de drogas.

La historia no enseña cosas que hemos olvidado. Lilís se embarco en préstamos extranjeros, que enriquecieron a él y los suyos, que a la postre no pudo pagar y el dinero de todos, se devaluó. Fueron los famosas papeletas de Lilís, que valían menos que le papel donde estaban impresas. El también se hizo su ferrocarril, que inauguró con bombos y platillos, obra mucho más racional y abarcadora, pues iba desde Puerto Plata hasta Sánchez, pasando por Santiago, Moca, San Francisco, etc.

Como no pudimos pagar, los EE.UU. consolidaron la deuda y para cobrarla nos invadieron por 8 años y crearon y nos dejaron al monstruo de Trujillo.

Trujillo consciente de que quien debe mucho no tiene soberanía, pagó la deuda, y el cheque con que lo hizo ha estado circulando últimamente por internet.

luis@arthur.net * www.luis.arthur.net * www.luisharthur.blogspot.com * 3/III/2008

miércoles, 27 de febrero de 2008

27 DE FEBRERO DÍA DE LA INDEPENDENCIA DOMINICANA

En 1844 los dominicanos expulsaron a los haitianos que ocuparon su país durante 22 años luego de que en 1821 se lograra un acuerdo amistoso de independencia con la Corona Española.

En busca de su propio destino y un futuro mejor, la colonia española en Santo Domingo se separó de España en forma no bélica mediante transacciones pacíficas.

Sin embargo, el ansia de libertad e independencia de los habitantes de la parte española de la isla de Santo Domingo se vio cercenado con la inesperada invasión de nuestro país por el ejército de la vecina nación haitiana.

Durante 22 años ocuparon los haitianos territorio dominicano e intentaron eliminar el idioma y las costumbres. Obligaron a publicar los documentos oficiales en francés y otras medidas que atentaban contra la esencia misma de las tradiciones y cultura de lo que vendría a ser más tarde el pueblo dominicano.

La segunda mitad de febrero presenta en República Dominicana a una intensa agenda de actividades dedicadas a las fiestas patrias en celebración de la Independencia Nacional lograda el día 27 de febrero y en conmemoración de la lucha patriótica de los héroes de la Independencia Nacional.

Aunque Duarte no estaba, los trinitarios no cejaban en sus acciones y en la causa de la libertad del país. Francisco del Rosario Sánchez, Matías Ramón Mella y Vicente Celestino Duarte dirigían a los trinitarios, casi sin recursos, hacían circular las ideas en hojas manuscritas, para organizarse y sumar adherentes a las ideas separatistas.

El 16 de enero de 1844, fue redactada por don Tomás Bobadilla, la Manifestación de los pueblos de la parte este de la isla, denominada antes Española o de Santo Domingo, en la que se enunciaban las causas de su separación de la República haitiana. Esta Manifestación sería la ley que regiría la república proclamada, hasta que se promulgara su constitución.

Esa noche del 27 de febrero de 1844 iban congregándose poco a poco, pequeños grupos de patriotas que provenían de las distintas zonas de la ciudad.

El comienzo de la acción separatista fue indicado por un trabucazo disparado por Matías Ramón Mella en la puerta de la Misericordia, y que fue oído por todos los habitantes de la ciudad.

Aunque Juan Pablo Duarte, el padre de la Patria, se hallaba ausente, la noche del martes 27 de febrero de 1844, en la puerta del Conde de la ciudad de Santo Domingo, la República Dominicana era proclamada por Tomás Bobadilla, Francisco del Rosario Sánchez, Matías Ramón Mella, Manuel Jiménez, Vicente Celestino Duarte, José Joaquín Puello, Gabino Pueblo, Eusebio Puello, Eduardo Abreu, Juan Alejandro Acosta, Remigio del Castillo, Jacinto de la Concha, Tomás de la Concha, Cayetano Rodríguez, Félix María del Monte y otros patriotas, quienes expresarían a alas autoridades haitianas su "indestructible resolución de ser libres e independientes, a costa de nuestras vidas y nuestros intereses, sin que ninguna amenaza sea capaz de retractar nuestra voluntad".

Ese 27 de febrero de 1844, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, cuando llegada la noche se dirigían hacia la Puerta del Conde, en el baluarte de San Genaro, izan la bandera dominicana. Ondea en la ciudad de Santo Domingo la bandera bordada por Concepción Bona y su prima María de Jesús Piña, junto con otras damas. La Bandera había surgido de un proyecto presentado por Juan Pablo Duarte y aprobado, el 16 de julio de 1838 en La trinitaria, donde se presentaban los colores y la forma de la enseña que representaría al nuevo estado, que se denominaría República Dominicana.
La cruz blanca la cruz es el símbolo de la lucha de los libertadores para legarnos una patria libre.

Los patriotas habían planeado que en la noche del 27 de febrero tomar posesión de todos los fuertes emplazados en la muralla y del puerto. Para llevar a cabo estas acciones, contaban con la cooperación de varios militares que apoyaban la causa y que estaban dispuestos a entregar sus posiciones y ayudar a tomar la Fortaleza.

Ante el apoyo popular y de diversos grupos que unían sus fuerzas por la libertad, los haitianos se consideraron incapaces de combatir un alzamiento de tal magnitud, y el 28 de febrero se obtuvo la capitulación de la guarnición haitiana.

Manifiesto de los habitantes de la parte del Este de la isla antes Española o de Santo Domingo, sobre las causas de su separación de la República haitiana:

La defensa y el respeto debidos a la opinión de todos los hombres y a la de las naciones civilizadas imponen a un país unido a otro y deseoso de retomar y reivindicar sus derechos rompiendo sus lazos políticos, que declare con franqueza y buena fe los motivos que lo inducen a dar ese paso, a fin de que no se piense que lo ha impulsado un espíritu de curiosidad y de ambición. Creemos haber demostrado con nuestra heroica constancia que deben soportarse los males de un gobierno mientras nos parezcan soportables, siendo mejor eso que hacer justicia o sustraernos a los mismos. Pero cuando una larga serie de injusticias, de violencias y de vejámenes acaba por probar la intención de reducirlo todo a la desesperación y a la más absoluta tiranía, es entonces un sagrado derecho para los pueblos y aun un deber, sacudir el yugo de semejante gobierno y proveer nuevas garantías que les aseguren su estabilidad y su prosperidad futura.

Por el hecho de que los hombres no se han reunido en sociedad sino con el objeto de trabajar en su conservación, que han recibido de la Naturaleza el derecho de proponer los medios y de buscarlos a fin de obtener ese resultado, por esa misma razón, semejantes principios los autorizan a ponerse en guardia, a precaverse de todo lo que puede privarlos de tal derecho, cuando la sociedad se halla amenazada.

Esa es la razón por la cual los habitantes de la parte del Este de la isla, antes Española o de Santo Domingo, valiéndose de sus derechos, impulsados como lo fueron por veintidós años de opresión y oyendo de todas partes las lamentaciones de la patria, han tomado la firme resolución de separarse para siempre de la República haitiana y de constituir un Estado libre y soberano.

Hace veintidós años que el pueblo dominicano, por una fatalidad de la suerte, sufre la más infame opresión: ya sea que ese estado de degradación haya dependido de su verdadero interés, ya sea que se haya dejado arrastrar por el torrente de las pasiones individuales, el hecho es que se le ha impuesto un yugo más pesado y más degradante que el de la antigua metrópoli,

Hace veintidós años que el pueblo, privado de todos sus derechos, se ha visto violentamente despojado de todos los beneficios en los cuales hubiera debido participar si se lo hubiese considerado parte integrante de la República. Y poco faltó para que se le quitara hasta el deseo de sustraerse a tan humillante esclavitud... Cuando en febrero de 1822, la parte oriental de la isla, cediendo tan sólo a la fuerza de las circunstancias, aceptó recibir el ejército del general Boyer que, como amigo, fue más allá de los límites de una y otra parte, los españoles dominicanos no pudieron creer que, con tan disimulada perfidia, hubiera podido faltar a las promesas que le sirvieron de pretexto para ocupar el país y sin las cuales hubiese debido vencer muchas dificultades y hasta caminar sobre nuestros cadáveres, si lo suerte lo hubiese favorecido.

No hubo un solo dominicano que no le recibiera entonces sin demostraciones de simpatía. Por doquier donde pasaba, el pueblo salía a su encuentro; creía encontrar en el hombre que acababa de recibir en el Norte el título de pacificador, la protección que le había sido prometida de una manera tan hipócrita; pero muy pronto, mirando a través del velo que escondía sus perniciosas intenciones, se descubrió que se había entregado el país a su opresor, ¡a un tirano feroz!...

Con él entró en Santo Domingo la maraña de todos los vicios y de todos los desórdenes, la perfidia, la delación, la división, la calumnia, la violencia, la usurpación y los odios personales, desconocidos hasta entonces en el alma de ese pueblo bondadoso...

Sus decretos y sus disposiciones fueron los principios de la discordia y la señal de la destrucción. Por medio de su sistema maquiavélico y que todo lo desorganizaba, obligó a las familias más respetables a emigrar, y con ellas desaparecieron de la tierra los talentos, las riquezas, el comercio y la agricultura. Alejó de su consejo y de los principales empleos a los hombres que hubieran podido defender los derechos de sus conciudadanos, proponer un remedio a sus males y hacer conocer las verdaderas necesidades del país. Menospreciando todos los principios del derecho público y de gentes, redujo a muchas familias a la miseria y a la indigencia, quitándoles sus propiedades para reunirlas al dominio de la República, darlas a individuos de la parte occidental o venderlas a vil precio a los mismos. Desoló la campiña y destruyó la agricultura y el comercio. Despojó las iglesias de sus riquezas, maltrató y humilló a los ministros de la religión, los privó de sus rentas y de sus derechos y, con su negligencia, dejó que cayeran en ruinas los edificios públicos para que sus lugartenientes se aprovecharan de los destrozos y pudiesen de tal suerte satisfacer la avaricia que traían consigo desde el occidente.

Más tarde, con el objeto de dar a esas injusticias las apariencias de la legalidad, emitió una ley para que se incorporaran al dominio del Estado los bienes de los ausentes, cuyos hermanos y parientes se hallan hasta hoy en la más horrible miseria. Tales medidas no satisfacían su avaricia. Puso también su mano sacrílega en las propiedades de los hijos del Este y autorizó con la ley del 8 de julio de 1824 el latrocinio y el fraude. Prohibió la comunidad de las tierras comunales que, en virtud de convenciones y para la utilidad y las necesidades familiares había subsistido desde el descubrimiento de la isla, y eso con el único fin de que el Estado sacara provecho. Con esa medida, acabó por arruinar las hattes y empobrecer a muchos padres de familia; pero a él poco lo importaba arruinarlo y destruirlo todo...

Tal era la finalidad de su insaciable avaricia.

Dotado de gran imaginación para llevar a cabo la obra de nuestra ruina y reducirlo todo a la nada, imaginó un sistema monetario que redujo insensible y gradualmente a las familias, los empleados, los comerciantes y la mayoría de los habitantes a la más negra miseria. Es con tal criterio y la influencia de su política infernal que el gobierno haitiano propagó sus principios corruptores. Desencadenó pasiones, suscitó espíritu partidario, forjó planes destructores, estableció el espionaje e introdujo la cizaña y la discordia aun en los hogares domésticos... Si un español se atrevía a hablar contra la opresión y la tiranía, era denunciado como sospechoso, se lo encerraba en un calabozo y muchos padecían aun el suplicio para espantar a los demás y hacer morir, conjuntamente con ellos, los sentimientos heredados de nuestros padres. Atormentada y perseguida, la patria no halló otro refugio contra la tiranía que en la intimidad de una juventud afligida y en algunas almas nobles y puras que supieron concentrar sus principios sagrados para relegar la propaganda a tiempos más favorables y devolver la energía a quienes estaban abatidos y estupefactos.

Los veintiún años de la administración corruptora de Boyer se deslizaron de tal suerte y, durante los mismos, los habitantes de la parte oriental experimentaron toda clase de privaciones, verdaderamente innumerables. Trató a esos habitantes con más rigor que a un pueblo conquistado por la fuerza. Los persiguió y les sacó lo que podía satisfacer su avaricia y la de los suyos. En nombre de la libertad, los redujo al estado de servidumbre. Los obligó a pagar una deuda que no habían contraído, exactamente como los habitantes de la parte occidental que se aprovecharon de los bienes extranjeros, mientras nos deben, por lo contrario, las riquezas que nos han usurpado o destinado al fin que más les convenía.

Tal es el triste cuadro del estado de esa parte de la isla cuando el 27 de enero del año pasado, Les Cayes lanzaron en el Sur el grito de reforma. Los pueblos se sintieron en el acto como devorados por un fuego eléctrico. Adhirieron a los principios de un Manifiesto del 1 de septiembre de 1842 y la parte oriental se jactó, pero en vano de que su porvenir sería más dichoso, a tal punto se hallaban de buena fe.

El comandante Riviére fue nombrado jefe de ejecución e intérprete de la voluntad del pueblo soberano. Dictó leyes según su capricho. Estableció un gobierno sin forma legal y donde no estaba incluído habitante alguno de esta parte que ya se hubiera pronunciado a favor de la revolución. Recorrió la isla y, en el departamento de Santiago, sin motivo legal recordó con pena la triste época de Toussaint Louverture y de Dessalines; llevaba consigo un monstruoso estado mayor que por doquier introducía la desmoralización. Vendió los puestos, despojó las iglesias, destruyó las elecciones hechas por los habitantes para tener representantes que defendieran sus derechos, y eso para dejar permanentemente esa parte de la isla en la miseria y en el mismo estado y para conseguir partidarios que lo elevaran a la presidencia, aunque sin mandato especial de sus comitentes. Así fue. Amenazó la Asamblea constituyente y a raíz de extrañas comunicaciones hechas por él al ejército bajo sus órdenes, resultó presidente de la República.

So pretexto de que en esa parte de la isla se pensaba en una separación del territorio a favor de Colombia, llenó los calabozos de Puerto Príncipe con los más ardientes ciudadanos de Santo Domingo, en cuyo corazón reinaba el amor a la patria y que tan sólo aspiraban a una suerte más dichosa, la igualdad de derechos y el respeto de las personas y de las propiedades. Padres de familia se expatriaron de nuevo para librarse de las persecuciones que se les infligía. Y cuando creyó que sus designios se habían realizado y que tenía asegurado el objeto que codiciaba, puso en libertad a los detenidos sin darles ni la menor satisfacción por los insultos y los perjuicios que habían sufrido.

Nuestra condición no ha cambiado ni en lo mínimo. Las mismas vejaciones y los mismos impuestos subsisten y han aumentado aún. El mismo sistema monetario sin garantía alguna prepara la ruina de los pueblos, y una Constitución mezquina que nunca hará honor al país, todo eso ha puesto por doquier el sello de la ignominia privándonos, con una verdadera burla del derecho natural, de la única cosa española que nos quedaba: el idioma natal y ha puesto de lado nuestra venerable religión para que desaparezca de nuestros hogares. Y, en efecto, si esa religión del Estado, cuando era protegida, fue despreciada y vilipendiada conjuntamente con sus ministros, ¿qué será ahora que se halla rodeada de sectarios y de enemigos?

La violación de nuestros derechos, costumbres y privilegios y muchísimas vejaciones nos han revelado nuestra esclavitud y nuestra decadencia y los principios jurídicos que rigen la vida de las naciones deciden la cuestión a favor de nuestra patria como la decidieron a favor de los Países Bajos contra Felipe II, en 1581.

En virtud de tales principios, ¿quién se atreverá a repudiar la resolución del pueblo de Les Cayes cuando se sublevó contra Boyer y lo declaró traidor de la patria?

¿Y quién se atreverá a repudiar nuestra propia resolución de declarar la parte oriental de la isla separada de la República de Haití?

No tenemos obligación alguna con respecto a quienes no nos dan los medios de cumplirla, ningún deber con aquellos que nos privan de nuestros derechos.

Si se consideraba la parte oriental incorporada voluntariamente a la República haitiana, debía gozar de los mismos beneficios y de los mismos derechos de que gozan aquellos con quienes se había aliado, y si en virtud de esa unión estábamos obligados a defender nuestra integridad, ella, por su parte, debía procurarnos los medios de hacerlo; pero faltó a eso violando nuestros derechos, y, por consiguiente, estamos libres de nuestra obligación. Si se consideraba esa parte oriental sometida a la República, con más razón debía gozar sin restricciones de todos los derechos y prerrogativas sobre los cuales había un convenio y que le fueron prometidos y, si no se realiza la única y necesaria condición de su sometimiento, queda libre y enteramente desligada, y sus deberes, en lo que a ella se refiere, le imponen que provea por otros medios a su propia conservación.

Si consideramos esa Constitución con respecto a la de Haití de 1816, veremos que, además del caso singular de una Constitución dada a un país extranjero que no la necesitaba y no había nombrado a sus diputados para discutirla, hay también una escandalosa usurpación, pues en aquella época los haitianos no tenían aún la posesión de esa parte, exactamente como ocurrió con los franceses cuando fueron expulsados de la parte francesa: como no eran los propietarios, no podían abandonarla a los haitianos. Por el tratado de Basilea, esa parte fue cedida a Francia y devuelta a España en ocasión de la paz de París, gracias a la cual fue sancionada la posesión que los españoles hicieron efectiva en 1809 y que continuó hasta 1821, época en que dicha parte se separó de la metrópoli.

Cuando, en 1816, los hijos de occidente revisaron su Constitución, esa parte no pertenecía ni a Haití ni a Francia. En lo alto de las fortalezas flameaba la bandera española, gracias a un derecho indiscutible, y del hecho que los indígenas llamaban Haití a la isla de Santo Domingo no debe deducirse que la parte occidental, que fue la primera en constituirse en Estado soberano con el nombre de República de Haití, tuviera el derecho de considerar la parte del Este u oriental como parte integral, cuando la una pertenecía a los franceses y la otra a los españoles. Lo cierto es, que si la parte oriental debía pertenecer a Francia o a España y no a Haití, pues si nos remontamos a los primeros años del descubrimiento del inmortal Colón, nos damos cuenta de que los orientales tienen más derechos al dominio que los occidentales. Si, por último, se considera esa parte de la isla conquistada por la fuerza, es por la fuerza, si no hay otro modo, que se resolverá la cuestión. Considerando los vejámenes y las violencias cometidos durante veintidós años contra la parte anteriormente española, salta a la vista que ha sido reducida a la más extrema miseria y que se está llevando a cabo su ruina, por lo cual el deber de su propia conservación y de su bienestar futuro la obliga sin más a asegurar con medios convenientes su seguridad, pues lo antedicho constituye un derecho (un pueblo que depende voluntariamente de otro pueblo con el objeto de aprovecharse de su protección, queda libre de toda obligación cuando dicha protección le viene a faltar, o cuando eso ocurre por la impotencia del protector). Considerando que un pueblo obligado a obedecer a la fuerza y que le obedece hace bien, pero que si resiste cuando puede hacer mejor; considerando, por último, que dada la diferencia de las costumbres y la rivalidad existente entre los unos y los otros, nunca habrá armonía ni perfecta unión, y como además los pueblos de la parte anteriormente española de la isla de Santo Domingo comprobaron durante los veintidós años de su agregación a la República de Haití que no pudieron obtener ventaja alguna, sino al contrario, que se arruinaron, empobrecieron y degradaron y que fueron tratados de la manera más vil y abyecta, han resuelto separarse para siempre de la República haitiana para proveer a su seguridad y a su conservación, constituyéndose, según los antiguos límites, en Estado libre y soberano. Las leyes fundamentales de ese Estado garantizarán el régimen democrático, asegurarán la libertad de los ciudadanos aboliendo para siempre la esclavitud y establecerán la igualdad de los derechos civiles y políticos sin miramientos para con las distinciones de origen y nacimiento. Las propiedades serán inviolables y sagradas; la religión católica, apostólica y romana será, como religión del Estado, protegida en todo su esplendor. Pero nadie será perseguido ni castigado por sus opiniones religiosas. La libertad de prensa será protegida; la responsabilidad de los funcionarios públicos quedará debidamente establecida; la confiscación de bienes por crímenes y delitos será prohibida; la instrucción pública será estimulada y protegida a expensas del Estado; los derechos e impuestos serán reducidos al mínimum; habrá un olvido total de los votos y de las opiniones políticas emitidos hasta este día, y eso mientras los individuos se adhieran de buena fe al nuevo sistema. Los grados y empleos militares serán conservados de acuerdo a las leyes que se establecerán. La agricultura, el comercio, las ciencias y las artes serán igualmente fomentados y amparados. Lo mismo ocurrirá con el estado de las personas nacidas en nuestra tierra o con el de los extranjeros que en ella querrán vivir, en armonía con las leyes. Por último, emitiremos lo más pronto posible una moneda con garantía real y verdadera, sin que el público pierda nada sobre la que tiene con el sello de Haití.

Tal es la finalidad que nos proponemos en nuestra separación, y estamos resueltos a dar al mundo entero el espectáculo de un pueblo que se sacrificará por la defensa de sus derechos y de un país que está dispuesto a reducirse a cenizas y escombros si sus opresores, que se jactan de ser libres y civilizados, persisten en su propósito de imponerle una condición que le parezca aún más dura que la muerte.

En vez de transmitir a nuestros y a la posteridad una esclavitud vergonzosa, nosotros, sobreponiéndonos con firmeza y esperanza a los peligros, juramos solemnemente ante Dios y ante los hombres, que empuñaremos las armas para la defensa de nuestra libertad y de nuestros derechos. Confiamos, sin embargo, en la misericordia divina que nos protegerá e inducirá a nuestros adversarios a una reconciliación justa y razonable para que se evite el derramamiento de sangre y las calamidades de una guerra espantosa que no provocaremos pero que será una guerra de exterminio, si debiera producirse.

¡Dominicanos! (comprendemos bajo esta denominación a todos los hijos de la parte oriental y a quienes quisieran seguir nuestra suerte) el interés nacional nos llama a la unión. Con nuestra firme resolución, mostrémonos los dignos defensores de la libertad; sacrifiquemos en los altares de la patria todo odio y toda personalidad; que el sentimiento del interés público sea el móvil que nos dirige en la santa causa de la libertad y de la separación. Con semejante separación nada hacemos contra la prosperidad de la República occidental y favorecemos la nuestra.

Nuestra causa es sagrada. No nos faltará ayuda, pues ya podemos contar con la que nos procura nuestra tierra, y, si fuera necesario, nos valdríamos del auxilio que los extranjeros pudieran procurarnos en semejante caso.

El territorio de la República Dominicana, estando dividido en cuatro provincias, esto es: Santo Domingo, Santiago o Cibao, Azua, desde el límite hasta Ocoa, y Seybo, su gobierno se compondrá de un cierto número de miembros de cada una de esas provincias a fin de que participen de tal suerte y proporcionalmente a su soberanía.

El gobierno provisional se compondrá de una Junta de once miembros elegidos en el mismo orden. Esa Junta tendrá en su mano todos los poderes hasta que se redacte la Constitución del Estado. Determinará la manera a su juicio más conveniente para conservar la libertad adquirida y nombrará, por fin, jefe supremo del ejército, obligado a proteger nuestras fronteras, a uno de los más distinguidos patriotas, poniendo bajo sus órdenes a los subalternos que le sean necesarios.

¡Dominicanos! ¡A la unión! Se presenta el momento más oportuno. De Neyba a Samaná y de Azua a Montecristi las opiniones son unánimes y no hay un solo dominicano que no grite con entusiasmo: Separación, Dios, Patria y Libertad.